You’ll learn
- por qué el nombre de una niña pastún importa a nivel global
- el precio de hablar en la sombra de los talibanes
- cómo la educación trasciende las fronteras culturales
- por qué la lucha de Malala está lejos de terminar
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first KEY POINT
En el mundo occidental, cualquier nacimiento se celebra por igual: un bebé se considera una bendición, sea niño o niña. Sin embargo, en la tierra situada entre Afganistán y Pakistán, una tribu llamada pastún no lo ve de la misma manera: una niña no es más que un mal presagio.Cuando nació Malala, los aldeanos solo felicitaron a su madre, pero no a su padre. La tribu cree que las hijas deben esconderse y que solo tienen dos funciones en la vida: cocinar y dar a luz. Desde muy joven, Malala estaba destinada a más, claramente una vida encadenada al fregadero de la cocina no era su vocación.El padre de Malala reconoció al instante la fuerza de su hija. Decidió llamarla como la mayor heroína de Afganistán: Malalai de Maiwand, una feroz doncella hija de un pastor de Maiwand. Murió en el campo de batalla mientras atendía a los soldados afganos heridos durante la guerra contra los británicos.
Malala y su familia vivían en Mingora, la única ciudad del valle de Swat. A pesar de la belleza del entorno y de su cariñosa familia, la vida allí no era muy halagüeña cuando nació Malala. Su familia era tan pobre que vivía en una casucha frente a la escuela, fundada por su padre y un amigo. Dos años después, nació el hermano de Malala, Khushal, que se convirtió rápidamente en el hijo favorito de su madre. Cinco años después, nació otro niño, Atal. El dinero era escaso con un solo hijo, pero ahora, con tres que cuidar, las cosas eran aún más difíciles. Todo estaba a punto de empeorar cuando los talibanes tomaron el control de Afganistán y de algunas partes de Pakistán.En los siguientes capítulos de este resumen, conocerás la vida de Malala, la valiente joven que arriesgó su vida para enfrentarse al régimen opresivo de los talibanes y desafió su prohibición de educar a las niñas.
second KEY POINT
La madre de Malala, Toor Pekai Yousafzai, era analfabeta. Sin embargo, en sus primeros años había mostrado la misma chispa y motivación que Malala. A los seis años era la última niña de su clase, rodeada de niños. Pero a ella no le importaba. En realidad, le entusiasmaba el hecho de que iba a aprender algo. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de cuál era su futuro cuando vio que a las niñas de su entorno se les enseñaba a cocinar y a limpiar. Sucumbió a su inevitable destino y dejó la escuela.Al principio no se arrepentía de su decisión, pero entonces conoció al que iba a ser su marido y padre de Malala. Era un hombre culto que le leía poemas, llenando su mente de sueños de tierras lejanas. Como no podía hacer grandes cambios en su vida, decidió ayudarle a conseguir su sueño de tener una escuela.

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